San Judas Tadeo

 

San Judas Tadeo nació probablemente en Séforis, provincia de Galilea, población cercana a Nazaret. Era hijo de Cleofás y María.  Cleofás era hermano de San José y María, prima de la Virgen; por lo cual, Judas Tadeo era primo de Jesús por ambas líneas. Judas era además hermano de otro apóstol, Santiago el Menor, que fue el primer obispo de Jerusalén. Tenía otros dos hermanos, Simón y José. Su hermano Simón fue el segundo obispo de Jerusalén.


Antes de seguir a Cristo, trabajaba de agricultor.


Los evangelistas San Mateo y San Marcos, dan a San Judas el décimo lugar entre los miembros del sacro colegio, y le añaden el sobrenombre de “Tadeo” y de “Judas” para distinguirlo del traidor. Tadeo significa “hombre intrépido, generoso”. En la antigüedad, el apodo correspondía a la forma de ser de la persona.


A San Judas, se le representa con una libro en la mano izquierda que es la epístola que el mismo escribió y que se encuentra entre los Libros Sagrados de la Biblia. La escribió en Palestina, antes de su ida a Persia, y está dirigida a los judíos convertidos al cristianismo, en
forma de exhortación moral.


El hacha que sostiene en su mano derecha, es símbolo de su cruento martirio. La llama sobre su cabeza representa su fe y celo ardiente.


En la última cena, cuando Jesús le hablaba tan claro sobre los misterios de su Padre y del Reino, Judas Tadeo le preguntó: “Señor, ¿por qué te manifiestas a nosotros y no al mundo?”. Jesús le respondió: “cualquiera que me ama observará mi doctrina, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos mansión dentro de él”. (Jn. 14, 23).


Según San Agustín, este bienaventurado apóstol formuló el undécimo artículo del Credo Apostólico:”Creo en la resurrección de la carne”.


Nicéforo Calixto afirma que San Judas Tadeo comenzó a predicar el Evangelio por Judas, Samaría e Idumea; y mas tarde por Mesopotámia, el país de los persas,  donde se encontró con San Simón el Cananeo, Apóstol.



Hay un escrito del siglo VI, titulado “Historias Apostólicas”, que viene a ser una recopilación de las leyendas referentes a los Apóstoles y compañeros de los Apóstoles.


La Historia de San Simón y San Judas habla de un tal Abdías, hebreo, y compañero de los Apóstoles, a quienes éstos consagraron obispo de Babilnia, y que luego escribió los prodigiosos trabajos que realizaron estos dos santos.


Según Abdías, los misioneros apostólico entraron en Persia cuando Bardac, general de los ejércitos babilónicos, salía en contra los indios invasores. Bardac consultó a sus adivinos sobre el resultado de su empresa; pero los demonios, ante la presencia de los santos Apóstoles., enmudecieron. Mandó entonces Bardac que trajeran a su presencia a los santos varones; estos dieron licencia a los demonios para que hablaran a través de sus ministros, los cuales aseguraron que la guerra sería larga y cruel. Tomando la palabra nuestros santos, dijeron al general: “Todo eso es mentira. No tienes por que temer; mañana a la hora de tercia, vendrán embajadores de los indios a pedirte paz y ponerse en tus manos”. Cumpliendose puntualmente la predicción de los discípulos de Cristo, el general quiso matar a los sacerdotes paganos; mas nuestros Apóstoles intercedieron diciendo; “No hemos venido a este reino a quitar la vida a nadie, sino a darla a muchos.


Impresionaron grandemente a Barbac y al rey tales sucesos, y autorizaron a los misioneros a predicar el Evangelio de Jesús en todo el reino. Con su palabra encendida, su vida ejemplar y grandes milagros entre otros el de volver mansos como corderos a dos tigres ferocísimos que sembraban el terror en la comarca, obtuvieron innumerables conversiones. El propio rey, su corte y Bradac recibieron el bautismo cristiano.


Pero al llegar a la ciudad de Suamir, dos magos, sacerdotes del Sol y de la Luna, amotinaron al pueblo contra ellos con engaños y calumnias. Llevaron a Simón y Judas ante sus ídolos para que los adoraran. Ellos, de rodillas, imploraron el poder del único Dios verdadero, y al punto sobrevino un gran terremoto que destruyó todo el templo con sus ídolos. Los falsos sacerdotes y el pueblo enfurecido, arremetieron contra los santos y los martirizaron cruelmente. Una horrible tempestad originó la muerte a gran multitud de gentiles.


El Martirologio Ramón fija su nacimiento para el cielo el 28 de octubre.


Cuenta la historia de Abdías, primer obispo de Babilonia, que el rey de esta ciudad, convertido al cristianismo, sabiendo de la muerte de los santos Apóstoles, hizo llevar sus cuerpos a la capital y les edificó un suntuoso templo, donde estuvieron hasta su traslado a Roma, cuando la invasión de los mahometanos. Hoy se veneran en la basílica de San Pedro.


San Judas es patrón de Magdeburgo (Alemania oriental) y de otras localidades.


Se le tiene una gran devoción entre los fieles católicos de todo el mundo, y se le invoca sobretodo en los casos urgentes y desesperados, sin duda por haber sacado al ejercito de Bardac de la crítica situación ante la invasión de los indios.



 

Devoción de los nueve miércoles de San Judas Tadeo


¡Glorioso Apóstol San Judas Tadeo!, pariente y seguidor de Jesús; el nombre del “traidor” que entregó al maestro ha sido la causa de que muchos te olvidaran. Pero la iglesia te honra e invoca como abogado especial de las casos difíciles y desesperados.


Tú predicaste con celo infatigable la buena noticia del Reino de Dios por la tierras de Oriente Medio consiguiendo innumerables conversiones, y dando por fin tu vida en defensa de la fe. Alcánzame de Jesucristo una fe más profunda, una esperanza mas firme y una caridad mas ardiente.


Hoy, además, glorioso Apóstol, acudo a ti en mi angustia para que intercedas por mi en este caso difícil y desesperado...


Ya de antemano te doy las gracias y te prometo propagar tu nombre y devoción con todos los medios que estén a mi alcance.


¡San Judas Tadeo!, intercede por mí ante el Señor y por todos los que invocan tu nombre.


(Récese tres Padres Nuestros con Ave María y Gloria).